El
sofá de la habitación de mi madre en el hospital era de
cuero marrón, material impermeable para no empaparse de las lágrimas
de las niñas aterrorizadas que trataban de sacar fuerzas para
velar a su madre.
Ya
no se ni quienes éramos. Estaba mi hermana Ana, Maite o Mercedes,
o las dos, y Papá y yo, todos los tubos y los gritos y quien
es esa, esa no es mamá.
Mi
padre me puso al lado del timbre para llamar a la enfermera. Cada vez
que el suero pitaba, yo timbraba y decía 'problema con el suero'.
Y venía una enfermera y no se qué tocaba. Y a mí
me asustaba que la asistencia a los moribundos pudiera ser tan profesional.
Tan profesional... tan habituados a la gente que se muere.
Y
claro, tú explícale que no es un paciente con un problema
con el suero, que es tu madre y que hace tres meses hacía gazpacho
en casa tan ricamente.
Mi
padre nunca nos había permitido ni media sensiblería en
casa. Lo que hay que hacer se hace y no hay ni 'miedo', ni 'asco', ni
'pena'.
Vamos, que se nos ocurriera a alguno de nosotros sus 9 hijos decirle
a mi padre que tenías miedo a la oscuridad o a las arañas
o a los truenos.
De
4 a 8 de la mañana, tú velas a tu madre. Mi hemana Ana
se quedó hasta las 4, y cuando me tocaron el hombro en el sofá
porque me 'tocaba', yo ya estaba harta de llorar, y sólo decía
'nononono' muy bajito y con voz de cerdito. Y me sorbía los mocos
y me hice una bolita en el sofá y esque nisiquiera me di la vuelta.
Y no me acuerdo de nada más. Se que no hice el turno y que alguien
se puso en mi lugar. Se que al día siguiente yo ya no estaba
allí sino en mi casa y que llamaron por teléfono a las
7 de la tarde para decir que mamá se había muerto. Se
que me fui corriendo a la cabaña
y que mi tio Ramón el cura atravesó toda la parcela llena
de cardos con la sotana para dar conmigo, y yo antes de que 'profanara'
nuestra cabaña y me compadeciera le salí al paso para
decirle 'no pasa nada. Estoy bien. Ya me lo esperaba'.
De
vuelta en el hospital. Tengo unas lagunas mentales horribles. Mi padre
me mira a los ojos, y sus ojos son distintos, el pelo derepente lo tiene
todo blanco, y tiene 20 años más.
Y
me mira y me sonríe con pena y me dice:
- Te rajastes.
Si
tan sólo no me hubiera dicho eso.
En
el tanatorio me encontré con el resto de mis hermanos. A todos
los enanos los habían sacado esa semana fuera de casa, distribuyéndolos
en campamentos y convivencias, y en casas de tios, para que no sufrieran
en casa un trauma tremendo. Cortaron en mí, mi hermano Miguel
un año menor estaba de campamento.
Para
el tanatorio nos habíamos arreglado todos. Lo primero que me
dijo mi hermano al verme es 'pero qué buena que estás!'
Uff,
y Montse, mi niña, como lloraba, no quería pasar a ver
a mamá en el tanatorio, y mi padre le animaba a que pasara, y
la niña clavaba los pies en la tierra, y a mi padre le daba rabia
que su hija tuviera miedo de su madre, y Montse tenía terror
a entrar. Pero mi padre quería que la viera, y la vio. Y el que
salió chillando dando patadas fue mi hermano Ramón, en
un ataque de histeria como yo nunca he visto en un niño. Tenía
9 años.
Yo
no hacía nada. Venía mucha gente a decirme que ahora teníamos
que hacer de madre de mis hermanos. Y cada vez que alguien me decía
que lo sentía me daba la risa. Me reí mucho aquel día.
Y me reía muchísimo cuando alguien me aconsejaba como
cuidar de mis hermanos. Y me dio más la risa cuando nos dijeron
que nos acompañaban a casa y que quedarían con nosotros
para que no notáramos el vacío. Se trajeron una guitarra.
Y cantaron en el jardín mientras nosotros nos encerrábamos
en nuestras habitaciones.
Cuando
ya se fueron le dije a mi hermano 'Bueno, ya está'.
Y
cuando me dí cuenta de todo lo que había pasado fue cuando
subiendo las escaleras de mi casa me pispé que nunca más
me iba a cruzar con ella en la casa.
Ni
en el estudio.
Ni en el naná.
Y qué hacemos con su ropa.
*Epílogo.
Jaime,
que tenía 2 años, tuvo conductas no propias' hacia niños
y niñas de su edad que según psicólogos delataban
problemas afectivos.
Mariángeles
con 5 años, se volvió medio autista y se obsesionó
con la pintura sin que le importara otra cosa.
Ramón,
genio a sus 9 años del cálculo mental y de la ajedrez,
perdió ambas cualidades y pasó a estar entre los peores
alumnos de su clase, y se volvió insoportable.
Montse,
11 años, se convirtió en una adulta sin amigas y mamá
de sus hermanos pequeños.
Miguel,
niño sobresaliente, no volvió a sacar un curso limpio.
Yo
me marché de casa después de cuidar a mis hermanos dos
años.
Ana
dejó de disfrutar de su adolescencia para coger las riendas de
mis hermanos, especialmente cuando yo me fui.
Mercedes
y Maite no estaban ya en casa.
Mi
padré se hundió hondo hondo hondo. No tenía más
amigos que mamá, y consideró que toda la decandencia en
los estudios de sus hijos a falta de su madre, evidenciaba su fracaso
como padre, y se obsesionó con la música del Sur... y
no dormía por las noches, él, que siempre mantuvo que
toda persona decente está arriba a las 7.30am y que hay que llevar
horarios rígidos. Se volvió a casar y tuvo dos crios más.
Se separó por el recuerdo permanente de mi madre.
Y
ahora mismo, podemos decir que somos una familia muy rara, pero mi padre
está bien de nuevo y ya no es tan duro, aunque sigue sacando
a los pequeños que ya no son tan pequeños a ver las tormentas
al porche. Y a todos nos encantan las tormentas.
En
una familia unida, todos y cada uno, somos piedras angulares. La nuestra
se nos fue al garete, no esque nos separáramos, sino que nos
derrumbamos unos encima de los otros. Ahora cada cual se ha levantado
por sí sólo, nos apoyamos lo menos posible en los demás,
pero en el que se apoya todo el mundo es en mi padre, que a pesar del
derrumbe, es el hombre más valiente del mundo, y tiene fuerza
de sobra para apoyar, ayudar y luchar por cada uno de sus hijos.
A
raiz de lo de mamá, hoy hace 6 años, todos conocimos el
fracaso individual y de la familia (que se dice pronto).
Lo que pudimos cambiar.
Aunque
el porque en sí no ha cambiado mucho.
Te
echamos de menos.

Sal
de aquí.