BULGARIA, INTERRAIL 2007, Melissa & Leny Muchas
cosas he visto y aprendido en sin duda el viaje más raro que
he hecho. Cuando llegamos a Sofía nos preocupamos un poco. Nos topamos de frente con el cirílico, con la imposibilidad de comunicarnos con los búlgaros, no sólo porque no saben inglés, sino por su carácter que tiende a ser retraido. Los malos olores, las miradas de la gente, el no poder entender ni un sólo cartel, el ser incapaces de comunicarnos hasta el punto de no poder comprar un mapa de la ciudad. En Sofía nos salvó la guía del Trotamundos, el hostel en el que estuvimos, regentado por una búlgara que se desvivió por nosotras y nos ayudó a organizarnos para visitar el monasterio de Rila.
Estatua de St. Sofía. Durante el comunismo aquí había una estatua de Lennin. Ella porta en una mano el símbolo de la fama y en la otra el de la esperanza.
Catedral de St. Alexander
El monasterio de Rila, en las montañas de Rila. Preciosidad escondida. Nos faltó por encontrar los 7 lagos de las montañas de Rila, una de las cosas más bonitas que se pueden ver en Bulgaria, pero no supimos ir y nos lo perdimos.
Chimena del Monasterio azulísima.
Algo que enseguida nos animó fue la comida. ¿Cómo se puede comer tan bien por tan poco dinero? Lo que veis en la foto más el segundo plato más las bebidas y el postre nos costó 32 levas, que vienen a ser 15€ (entre las dos!), en un restaurante de comida típica. Esto nos sorprendió todo el viaje, y nunca encontramos diferencias grandes entre los restaurantes para turistas a los más populares, en precio eran todos similares, casi todo lo hacían al grill, bebían una cosa parecida a la leche o al yogur pero que al final no nos enteramos de qué era. Usan para casi todo un queso especial que parece mousse de queso, está buenísimo en cuanto te acostumbras. Echo de menos a rabiar las ensaladas shopska, que me debí de comer como veinte en todo el viaje.
Un consejo si vas a Bulgaria: ve en tren, pero no compres el Interrail. Es tan barato que te sale más a cuenta pagarte cada tren individual que pagar los 77€ de interrail.
La tónica de casi todo el periplo: no entender nada. Al menos nos lo tomábamos con humor: hay algo a 300 metros yuju!!! Corremos para allá, ¿qué habrá?
Típico
búlgaro: un edificio abandonado, es decir, nada.
Dicen que
en Plovdiv se encuentran las mujeres más bonitas del mundo. Nosotras
no las vimos en Plovdiv, pero sí en Varna
Esta estatua
en lo alto de una montaña en Plovdiv sino recuerdo mal es del
liberador de los búlgaros del imperio Otomano, y es enorme, pero
no se aprecia.
Sin duda de lo más raro: un homenaje a Blackie Lawless en la fachada de una iglesia ortodoxa.
Pintor
en Plovdiv Como no conseguíamos comunicarnos con los gatos búlgaros, valoramos mucho que esta señorita nos acompañara durante todo el viaje; está en todas partes, en el metro en los autobuses, tiene una amiga con un tanga en forma de corazón pero nos caía mejor ésta.
Bulgaria es de color verde.
Tiene paisajes lineales y rurales
Pero,
cuando vas en tren, de un sitio a otro, casi todo lo que ves, son fábricas
y granjas comuneras abandonadas. No son una ni dos, son cientos y cientos
de paisajes de todo abandonado y destruido. Te quedas callada y seria,
y no te dan ganas de ponerte a hacer fotos. Y según nos habituábamos a ellos, todo iba fluyendo mejor, así en un tren atestado de gitanos que nos llegaron a preocupar, los revisores nos hicieron un sitio, estuvieron vigilando todo el rato que estuviéramos bien, nos dieron caramelos y nos comunicamos por señas y cuatro palabras. En otro tren, un policía se llevó nuestros pasaportes muy serio, luego volvió con ellos, vino otro policía que se puso a parlotear cosas incomprensibles pero que al fin y al cabo no tenía más que ganas que hablar un poco con las mochileras esas. Y también en un tren iba yo escribiendo el alfabeto cirícilo muy despacio y la señora de al lado sin mediar palabra me ha quitado el boli y me ha corregido algunas cosas. Luego ya se ha puesto conmigo y me ha dado toda una clase de búlgaro. Se llama Tania y es de Stara Zagora.
Leny en el tren Después de estudiar un poco el cirílico fue una gran satisfacción poder leer palabras simples en la calle como: garaje, bingo, lavandería, cosas así que están escritas, y que cada vez que lograba descifrar algo me ponía tan contenta que lo repetía 20 veces para desesperación de la pobre Melissa que me ha tenido que aguantar todo el viaje.
Kapitan Nemo
El pueblo más turístico que vimos: Nessebar. Increible mareada de turistas de todas partes.
¡¡¡Ya hemos llegado neng!!!
Fortaleza en Veliko Turnovo
Escaleras infinitas de Kill Bill en Veliko, y cuando llegamos arriba... restaurante Creta abandonado, la ostia, nos calló la tormentaza del siglo allí arriba nos empapamos completamente, en Bulgaria cuando llueve se rompe el cierro es increible.
Empapadas y todavía no habíamos bajado ni la mitad de las escaleras de vuelta
Llegar a Koprivstitsa fue un poco complicado. Tuvimos que cambiar un par de veces de trenes, ya desaparecían las chicas perfectas de Varna, la gente pija con su ropa buena, los veraneantes y fiesteros de Veliko, dejando paso otra vez a la gente rural, a los olores apestosos de los trenes, a las miradas raras. Nos quedamos literalmente tiradas en medio de una tormentaza en una estación de tren donde sólo había una caseta con unos obreros, y donde supuestamente un autobús hacia el pueblo venía 4 veces al día. Hartas de esperar con las mochilas, pregunté a los obreros, ya por entonces sabíamos hacernos entender con una o dos palabras, los obreros confirmaron que vendría un autobús en algún momento, para luego empezar a explicarnos algo que después de un buen rato entendimos que uno de ellos nos ofrecía subirnos en su coche al pueblo. Estábamos tan hartas y nos dieron tan buen rollo que nos fuimos con dos de ellos, ese viaje no lo olvidaré, lo bien que nos lo pasamos, con el parabrisas más lento del universo, el coche destartalado como casi todos allá, pero qué bueno era ese señor aunque no entendimos nada, y nos moríamos de risa viéndole despedir al amigo chao chao!!! para que entendiéramos que bajaba él pero no nosotras. Le dimos 5 levas que tuvimos que tirarle por la ventanilla del coche porque no las aceptaba.
Los muertos en Bulgaria tienen un tríptico en la que fue su casa con una foto de cuando eran jóvenes por lo general, y un lazo negro que según dicen, se deja ahí hasta que se lo lleva el viento.
El alojamiento durante todo el viaje era como la comida: más por menos. Nos alojamos mayormente en habitaciones de las casas de los dueños que ponen a disposición de los turistas, también en hostels y en hoteles. Éste de la foto, con baño y terraza propias, y además con toda la casa para nosotras, nos salió a 12 levas por cabeza, que son exactamente 6€ por cabeza y noche. Es decir, nada.
En la terraza
de la Señora Tzonka, asesina de salamandras. Volver
a Alemania fue toda una depresión, y no digamos volver a España.
Tengo todavía más la cabeza allí que aquí.
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:: Mayo ::